Tradicionalmente o “normalmente” existe una desproporcionada desigualdad en la carga de trabajo doméstico en contra de las mujeres, pero en México es particularmente acentuada. Esta situación entró en crisis con el confinamiento provocado por la pandemia de salud, la crisis económica y la cancelación de la educación presencial.

La desigualdad de género es provocada por una división sexual del trabajo patriarcial, cargada de misoginía y desigualdad económica que consigue ampliarla, misma que ha prevalecido desde antes del capitalismo y después del socialismo real.

De momento todavía no se cuenta con cifras exactas sobre el impacto que ha tenido en la vida de las mujeres la sobrecarga provocada por la pandemia, ya sea en la esfera económica, física o emocional. El Inegi recién publicó las cifras correspondientes a 2019. Pese a que son previas a la pandemia reflejan esta problemática, que no afecta exclusivamente a las mujeres, sino corresponde a toda la sociedad, como bien dice la escritora y antropóloga feminista Rita Segato.

Las cifras correspondientes a 2019 y publicadas por el Inegi indican que la mayor parte de las labores domésticas y de cuidados fueron realizadas por las mujeres, con 74.8 por ciento -súmele lo derivado del confinamiento en 2020- del tiempo que los hogares destinaron a estas actividades; en lo concerniente al valor económico corresponden más de las tres cuartas partes (73.6 por ciento).

Tanto en el nivel de ingreso como en los grupos etarios o en las condiciones de habla de lengua indígena, la constante es la concentración de este trabajo en las mujeres, se acentúa en los niveles de ingresos más bajos, o en las mujeres de 21 a 39 años. Y se sabe que las más afectadas siempre son las mujeres pobres. (ver gráfica).

La brecha de género en el valor per cápita de este trabajo por sexo es contundente: 62 mil 288 pesos, mientras que el de los hombres fue de 24 mil 289 durante el mismo año, una diferencia de 37mil 999 pesos, a favor de las mujeres.

En su medición por el PIB, la aportación es de 22 por ciento, de los cuales 16.8 corresponde a las mujeres. Esta cifra de 22.8 está por encima de la manufactura; su aportación a la economía medida en valor económico es de 5.6 billones de pesos, para 2019.

Con esta perspectiva es de enorme importancia y gravedad que desde el púlpito del presidente, él propiece o refuerce esta desigualdad tan amplia, al insistir en que sean las mujeres quienes hagan los trabajos de cuidado, ya los hacen y en forma por demás injusta.

Es una mirada muy conservadora, de índole patriarcal que tiene efectos económicos porque impide y limita su acceso al empleo con salario dentro del mercado laboral, amplía considerablemente las desigualdades económicas, además de contener una injusticia social tremenda. La respuesta airada de las organizaciones feministas no se hizo esperar, y con mucha razón.

¿Cuáles son las funciones que considera el Inegi en su medición del trabajo doméstico, y su aportación porcentual al PIB?

Cuidados y apoyo 6.6
Alimentación 4.9
Limpieza y mantenimiento a la vivienda 4.5
Compras y administración del hogar 2.8
Ayuda a otros hogares y trabajo voluntario 2.2
Limpieza y cuidado de la ropa y calzado 1.8
Precisamente son los cuidados y apoyo los de mayor valor, los que más crecieron con la pandemia, y también los que requieren o demandan mayor tiempo y conocimientos. En los hogares con niños menores de 6 años es donde las mujeres trabajan más.

Estos cuidados generalmente también incluyen adultos mayores, personas con discapacidad y enfermos. No hay suficientes Instituciones públicas que puedan proporcionar apoyos para estas tareas, al ser instituciones privadas las mujeres o familias pobres quedan excluídas.

Y ni hablar del caso de las guarderías o estancias infantiles, la política gubernamental en esta materia ha sido un desastre: para la protección de la primera niñez -obligación del Estado- y para las mujeres trabajadoras con hijos.

Bajo estas premisas es muy evidente que las mujeres cuentan con muy escasas posibilidades reales de incorporarse al mercado laboral, la falta de apoyo para las tareas de cuidados incide notoriamente, además con la crisis económica la dimensión de estos problemas aumenta. Son ellas las que tienen mayor necesidad de ingresar al mercado laboral o de recuperar su empleo, contar con un ingreso que les permita ayudar sus problemas de pobreza, son las más afectadas por la pandemia y por la crisis económica, de tal forma que son indispensables políticas públicas (la economía entre ellas) que foralezcan al Estado y le permitan ampliar mejores oportunidades de apoyo a la ciudadanía, particularmente a las mujeres.

Sin la presencia de una Estado fuerte, de bienestar, jamás se podrán superar o mejorar estas inequidades en el trabajo doméstico y en muchos otras aspectos que afectan directamente a las mujeres, porque lo mismo se aprecia en las instituciones de salud que no pueden mantener a las personas enfermas con atención hospitalaria, se les remite a sus casas y ahí depeden de los cuidados que les puedan otorgar en casa, generalmente mujeres.

La educación infantil juega un papel trascendental, a fin de que toda la familia participe activamente en el cuidado y mantenimiento del la vida doméstica, sin que sea tarea exclusiva de las mujeres. Aunado a los permisos de paternidad, la revisión y construccion de nuevas masculinidades, con la cooperación de las mujeres.

Todo eso contribuye o debe construir y reconstruir un nuevo concepto de las tareas domésticas y de la división del trabajo, más acorde con las necesidades del Siglo XXI y de las nuevas familias. Pero nada de esto se podrá lograr sin la presencia activa y fuerte de un Estado de Bienestar en una primera etapa, con políticas públicas actuales y activas. Contrario a las propuestas del neoliberalismo que conllevan la semilla del regreso al mundo viejo.

PD.

Brecha salarial.

Aprueban reforma para eliminar brecha salarial entre mujeres y hombres que realizan un mismo trabajo o un trabajo de igual valor, promoviendo y asegurando la aplicación para todos los trabajadores del principio de igualdad de remuneración, ya que de acuerdo al documento, existe una marcada brecha salarial que trasgrede los principios básicos de los Derechos Humanos de las mujeres.

En el decreto se establece, en el artículo 34 Bis, que las instituciones y las empresas públicas y privadas están obligadas a remunerar de forma igualitaria la prestación de un mismo trabajo, ya sea directa o indirectamente y cualquiera que sea la naturaleza de la misma, salarial o extra salarial, sin que pueda producirse discriminación alguna por razón de sexo en ninguno de los elementos. De igual manera, se establece que la remuneración será proporcional a la responsabilidad.
Para la OIT la brecha salarial es una de las mayores injusticias sociales que persisten en el mundo laboral.

Redacción:Carmen R Ponce Meléndez