Lucía Melgar

CIMAC.- De los patrocinadores de la Cartilla Moral, de cuyo influjo nada sabemos, nos ha llegado la “Guía ética para la transformación de México”. Firmada por personas cercanas al gobierno actual, que anuncian ya una nueva versión revisada, este documento es una mezcla, como ya han escrito otros comentaristas, de moralina, clichés y “buenos consejos” que chocan con la realidad y hasta con las acciones del actual gobierno.

Fracasa aun como folleto de autoayuda espiritual en cuanto parte de un diagnóstico errado y, pese a su prédica de amor y respeto, menosprecia los efectos de la violencia y distorsiona las exigencias de justicia de las víctimas y sus familias.

Al principio llaman la atención el lenguaje incluyente y las referencias a diversidades, como la orientación sexual y los distintos tipo de familias, todo ello encuadrado en una referencia inicial al Estado laico y a la libertad de creencias. A medida que se pasan las páginas, sin embargo, la impresión de actualidad va difuminándose. Las referencias a los valores tradicionales del pueblo, la mezcolanza de temas éticos y morales y, sobre todo, el tratamiento que se le da al perdón, la “redención” (¿qué hace ahí ese asunto?), la familia y la justicia despiertan ecos del doble discurso y la prédica religiosa.

Al parecer, el pueblo de México es un repositorio de sabiduría para gobernantes que desconocen el grado de discriminación y prejuicios que han caracterizado a la sociedad mexicana, antes de la maldecida etapa neoliberal, culpable, nos dicen, de la degradación hacia la barbarie. Ni el machismo, ni el racismo, ni la homofobia, ni el autoritarismo existían por lo visto en los años 40 o 70. Los melodramas de la época de oro, con sus mujeres abnegadas, hombres irresponsables y su reivindicación del patriarcado se referían sin duda a un México imaginario.

La Guía nos invita también a rechazar esa imagen de pesadilla que han dibujado en estos meses la Red Nacional de Refugios y los medios que documentan el incremento de violencia intrafamiliar, abuso sexual infantil, desapariciones y feminicidios. Sin duda la familia puede ser fuente de “apoyo mutuo” pero para muchas mujeres la realidad es otra. Apelar a la buena voluntad de los hombres para que compartan las tareas del hogar es pregonar en el desierto: sin educación para la igualdad no habrá cambios sustantivos. Pretender, además, en plena pandemia, que “la familia es la principal institución de seguridad social” es disfrazar de elogio a ésta el reconocimiento implícito de la negligencia gubernamental ante el derecho a la salud y a una vida digna.

Este contrahecho folleto de autoyuda espiritual sugiere asimismo negarle legitimidad a las protestas y exigencias de jóvenes hartas de violencia y de madres y familiares que por años han buscado justicia para sus hijas e hijos asesinados o desaparecidos. En vez de responder con valentía a la crisis de Derechos Humanos y a la inexistencia de un Estado de derecho, deberían, recomiendan los voceros del poder, “llorar su penas y seguir adelante”, perdonar para liberarse de rencores y confiar en la “redención” de sus agresores mediante castigos humanistas.

Si en cualquier contexto recomendar a las víctimas el “perdón” es cuestionable, en un país con un exceso de violencia institucional y una altísima tasa de impunidad, resulta indignante. La lógica maniquea que impregna estas páginas confunde justicia con venganza, e insulta a las y los sobrevivientes que luchan, contra el propio Estado, para obtener justicia en este mundo y reconstruir su vida.

En vez de gastar millones en distribuir este popurrí de ocurrencias y prédica vacua, el gobierno debería invertirlos en políticas de prevención de violencia y de igualdad, a las que poco o nada destina el PEF2021 en el Anexo 13. También sería recomendable que el promotor de esta cartilla moral “actualizada”, y sus allegados, la leyeran como si les estuviera dirigida: pese a sus fallas, encontrarían inspiración para modificar sus propios usos del poder y de los recursos públicos y para demostrar con hechos su amor a la naturaleza.