El origen de este dicho, se ubica en el siglo XIX, y es atribuible al fundador de la Guardia Civil española, Duque de Ahumada, quien encargó en 1844 la confección de un reglamento militar, cuyo contenido permitiera inculcar a los futuros guardias, los valores del cuerpo al que pertenecían. En ese documento venían impresas las normas de comportamiento y obligaciones de un cuerpo militar (López A. 20 minutos.es).

El hecho de leerle la cartilla a alguien era específicamente para recordarle cuales eran las normas del cuerpo o cuartel, por la razón de que habría incumplido alguna(s) de las reglas establecidas, como afeitarse, conservar cortas y limpias la uñas, el aseo del calzado, mantener absolutamente la higiene, no usar palabras mal sonantes, ser indiscreto sobre las órdenes recibidas o incumplirlas, arreglar su cama después de levantarse, conservar el orden, etc.

Yo tuve esa experiencia con mi padre, cuando salí de casa, a la edad de 14 años, para continuar mis estudios y la expresión fue amable por parte de mi padre: “vas a ir a estudiar, lucha por ser alguien en la vida, aléjate de vagos y malvivientes, del alcohol, de la pereza y los malos hábitos”. Lo escuché hace 48 años y parece que fue ayer.
Pertenezco a esa generación que citara, para mí, el bien recordado Luis Donaldo Colosio, “la generación del esfuerzo y del trabajo”.

Nuestros padres fueron muy atentos a nuestro crecimiento y educación. En el X Censo efectuado en 1980, nuestro país registró 66 millones, 846 mil, personas y 6 millones, 451 mil, personas mayores de 15 años fueron consideradas como analfabetas, que equivale al 17% y el 83% como alfabetas, que significa saber leer y escribir.

Este porcentaje ahí sigue. Algo sucede en nuestro país, que las medidas adoptadas aún son insuficientes. Al año 2015, con cifras del INEGI. Había casi 5 millones de persona en esta condición.

Sin embargo, y encausando el tema, más allá de asistir a la escuela para obtener conocimientos, es en el hogar donde se aprenden las reglas de convivencia.

La educación de los hijos era tarea de los padres, no de los maestros. En la casa fuimos criados con disciplina. Nuestras enseñanzas eran: agradece, respeta, obedece, no robes, no mientas, trabaja, se humilde, habla correctamente, cuida de la dignidad, del honor y de tu palabra empeñada; cuida tu aspecto y tu limpieza.

Los tiempos cambian, hoy en día, relacionarse con los hijos es más difícil. La autoridad del padre o de la madre no es lo que fue, es menos rígida y la interactuación en familia debe ser con diálogo, respeto, acuerdo, tolerancia.

Derivado del estilo de vida, ambos padres tienen que trabajar, pues el dinero se necesita. Eso hace que disminuya la atención en la educación de los hijos, que, si bien el tiempo disponible para ello es escaso, lo menos que podemos darles es calidad de tiempo.

Sin duda los cambios son palpables, las relaciones familiares más abiertas, las familias menos numerosas, y, no obstante, se incrementa el número de separos de las parejas. Hay violencia dentro de la familia, abuso de menores, abandono y olvido de los ancianos.

El acceso a la internet y las redes sociales ha generado que los jóvenes se contaminen de rebeldía contra sus padres. Existe desorientación y la consecuencia es, en no pocas ocasiones, una juventud con vicios y sin sueños, sin plan de vida y menos tener una idea de cómo lograrlo.

La familia es la mejor manera de organización social, por esta razón es importante reflexionar sobre lo que, las generaciones actuales, debemos conservar del pasado y adquirir del presente (cursosinea.conevyt.org.mx).

Ser padre no es fácil. A la fecha no hay manuales para lograr esta meta. Existen consejos y orientaciones sobre lo que se debe evitar, por ello, a usted amable lector, le pregunto:
Para ser padre o hijo ¿Le leyeron la cartilla?

garubo58@gmail.com