Cual reguero de pólvora corrió la noticia: suspendieron definitivamente las obras de construcción del aeropuerto internacional en Santa Lucía. Y la esperanza adormecida, en coma, ¡despertó!

Las dificultades técnicas –entre ellas un cerro que jamás fue considerado-, ambientales, la existencia de monumentos arqueológicos y el rechazo de la población de Zumpango a tener el aeropuerto en lo que es hasta ahora la Base Aérea de Santa Lucía, fueron razones más que suficientes para el juez Décimo Tercero del Distrito, con sede en Naucalpan, Estado de México, Agustín Buenrostro, otorgara la suspensión definitiva de las obras, reclamada por el colectivo No más Derroches.

Pero además la suspensión se da después de que en los últimos días el gobernador del estado, Omar Fayad Meneses, quien no ha dudado en calificar como “justicia divina” el que el aeropuerto en Santa Lucía lleve el nombre de “General Felipe Ángeles”, haya mencionado sin razón aparente, que Hidalgo cuenta, y así es, con tierra más que suficiente para albergar la terminal aérea.

El que se construya un aeropuerto internacional en el Valle de Tizayuca es anhelo que surgió en la administración del entonces gobernador Jesús Murillo Karam; que creció en la administración de Manuel Ángel Núñez Soto y que cayó estrepitosamente al anunciarse el proyecto aeroportuario de Texcoco, en la administración del presidente, mexiquense tenía que ser, Enrique Peña Nieto.

Pero la esperanza ha estado latente siempre, o mejor dicho, la oferta de las mil 500 hectáreas de terreno plano para construir el nuevo aeropuerto siguen ahí.

¿Y qué mejor que construir el aeropuerto Felipe Ángeles en la propia tierra del patriota general?

En el Valle de Tizayuca, contrario a Texcoco o Zumpango, no hay lagos que desecar, no hay monumentos arqueológicos de relevancia, no hay cerros que se atraviesen y las aeronaves podrán despegar o aterrizar con los mismos vientos que ya se registran en el actual AICM.

Pero las ventajas no terminan ahí: la terminal estaría ubicada a no más de 30 kilómetros de distancia de la Ciudad de México –distancia promedio a la que se ubican cerca de las ciudades los aeropuertos en Nueva York, Londres, Tokio, entre otros-: hay tierra suficiente para detonar un gran proyecto de desarrollo industrial, de servicios y comercial, y lejos de levantar los brazos con machetes o colectivos, los ejidatarios y pequeños propietarios en Hidalgo les abrirían los brazos.

¿Qué factores en contra tendría hay para construir en Hidalgo el nuevo aeropuerto? Pues los hidalguenses podríamos decir que ninguno, pero en realidad el “mudar” técnicamente el aeropuerto ameritaría una reconversión total del proyecto, lo que pudiera significar retraso en los tiempos.

Pero quizá el mayor factor en contra es la terquedad, que él mismo reconoce, del presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, que está “casado” con la idea de Santa Lucía y su perseverancia podría llevarlo, muy respetuosamente, a rechazar las resoluciones judiciales contrarias a su proyecto y a un cambio de planes.

Es posible sin  embargo que un fino bordado político en torno a las ventajas técnicas de construir aquí el aeropuerto, y hasta una petición formal y muy manifiesta del pueblo de Hidalgo, tan rezagado en desarrollo económico pese a las prominentes figuras políticas que ha dado al país, y víctima de promesas incumplidas por gobiernos neoliberales, pudieran llevar al mandatario a considerar, por lo menos, la idea de construir aquí el aeropuerto como un acto de justicia social.

Por lo pronto la esperanza pareció cobrar fuerza, despertar aletargada, convencida, eso sí, de que en Hidalgo se construirá algún día un aeropuerto… así lo inauguren los tataranietos.

✉️ dolores.michel@gimail.com

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