Yo misma lo viví: después de pagar durante 15 años o más el crédito Infonanvit que recibí, y pese a la constancia ver cómo en lugar de bajar el monto adeudado éste subía cada mes de enero, al elevarse los salarios mínimos, me llevó a preferir dejar de pagar, comencé a ahorrar lo que pagaba y más, y con mi ahorro fui y liquidé todo el adeudo. Recibí incluso un sustancial descuento por finiquitar dicho crédito.

Pero al igual que la mayoría, tuve en el Infonavit la única oportunidad, en mi juventud, de adquirir una vivienda propia, un patrimonio; dejar de pagar renta y pagar, en cambio, un bien propio.

La semana anterior, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció el programa Responsabilidad Compartida, que tiene por objetivo facilitar el pago de los créditos Infonavit al tasarlos en pesos y no más en salarios mínimos ni Unidades de Medición y Actualización, sin que cada enero crezca el adeudo.

Se anunció igualmente una tasa de interés anual de 8.5 por ciento, la misma que cobra la banca comercial en estos días en créditos hipotecarios.

Habrá además un descuento del 55 por ciento en los montos de aquellos créditos antiguos cuyo monto actual sea superior en 1.5 veces, mínimo, el precio que tenía la vivienda al momento de la compra.

Pero… –siempre habrá peros-, el beneficio del descuento se limitó a acreditados con 40 años o más de edad, que estén al corriente en sus pagos –lo más difícil en muchos casos-, y cuyos salarios no superen las cuatro veces el  mínimo. En el transcurso de los días se definirán, con exactitud, los mecanismos para apagarse a este programa.

Pero López Obrador aprovechó este anuncio para informar de medidas extras en beneficio de los acreditados del instituto y del medioambiente, y para evitar que se eleve el número de cinco millones de viviendas abandonadas en el país.

¡No más casas construidas en faldas de cerros! ¡No más casas construidas en zonas susceptibles de padecer inundaciones! ¡No más casas carentes de servicios básicos suficientes como agua potable, drenaje, transporte, etcétera! ¡No más casas construidas a largas distancias de los centros urbanos¡ y ¡No más “huevitos” de 32 metros cuadrados!

Lo que no explicaron ni el Presidente ni el director general de Infonavit, es cuál será la fuente de recursos para tener acceso a reserva territorial urbana y cuyo precio no dispare el de las viviendas de interés social; para contar con organismos operadores de agua potable y drenaje suficientes y eficientes, y edificar casas de al menos dos recámaras, sala, comedor, baño, cocina y patio amplios, que no generen hacinamiento y claustrofobia entre sus moradores.

Casas, y ahí está el reto mayor, al alcance de trabajadores con salarios de hasta 2.6 veces el mínimo, o sea, casi todos.

Hace un tiempo un desarrollador de vivienda me preguntaba: “¿qué crees que me convenga más, construir una vivienda que venderé en 2.5 millones de pesos o una de 320 mil pesos?

Sin embargo el 80 por ciento de los trabajadores tiene acceso a viviendas de 320 mil pesos, y eso, gracias al subsidio federal –tema que no fue tratado por López Obrador al anunciar el nuevo programa-, y a un pago extra de entre 15 y 20 mil pesos que junta el trabajador con una coperacha familiar y endeudándose.

¿En dónde está la raya que divide lo justo, lo mejor y deseable, de lo real? ¿Volverá acaso Infonavit a construir directamente las viviendas, multifamiliares, como lo hiciera originalmente?

Y es que más allá de la mezcla de asombro y repudio que causa el saber que David Penchyna ganaba 700 mil pesos mensuales como director general en el Infonavit, esta una economía que se rige por reglas tan elementales como que dos más dos suman cuatro y no 10, como quisiéramos todos.

¿Se tendrán suficientes ahorros para hacerlo, para no hacerlo con deuda pública ni debilitar al Infonavit? Nos restan casi seis años para averiguarlo. Pero.. !ojalá y sí se pueda!

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