He de confesar que para escribir ésta columna tuve que alcoholizarme, digo es que yo me emborracho con dos cervezas, mi estatura no me da para más.

¡Aquí estoy!, despellejándome ante ustedes,  ¡de algo ha de servir!, recién vi el video de la Diputada por Veracruz, Carmen Medel recibiendo en plena sesión del Congreso el anuncio por vía celular, de que su hija había sido asesinada en un gimnasio.

Me remitió de inmediato a una situación personal; así vi a mi pareja recibir la noticia de que sus padres, mis suegros, habían sido asesinados por el enfermero que los “cuidaba”. Los mismos gritos, los mismos lamentos, la misma reacción.

¡México es ya un país de dolientes!, ¡la vida es tan poco apreciada!, que por favor no me pidan empatía con los gobiernos panistas y priistas, artífices de ésta terrible situación.

¡El conejo saltó de la chistera!, lo creí asimilado, lo creí superado, otra vez, como hace cuatro años, estoy en la gasolinera donde cargamos para salir corriendo de Pachuca a Ciudad de México, las piernas se me doblan, ¡el golpe es tan duro!, que el cuerpo y el alma, tan sabios, hacen que el cuerpo y el alma se adormezcan, porque fácilmente puedes ahí morir de dolor.

De cómo lo he llevado estos el último año sólo mi terapeuta, Magalli Piña Bedolla y yo sabemos, ¡eso queda entre nosotras!, sólo diré que han sido las sesiones más difíciles de mi vida y esto lo viven centenares de personas en México.

¡Ahí te voy Magalli, otra vez en carne viva!

Por eso me han dolido tanto las imágenes de diputadas y diputados captando con su celular el sufrimiento de Carmen Medel, ¡qué poco padre! (digo las mujeres ya hemos cargado suficiente culpa), apenas la semana pasada hablaba yo de la banalización de los movimientos contrarios al patriarcado.

¡Ahora también la banalización del sufrimiento humano!

No creo que sea necesario que ésas personas vivan en carne propia lo que miles de mexicanas y mexicanos estamos pasando para que entiendan lo tremendamente dolorosa que es la situación de México ante la violencia, el feminicidio y sobre todo, sobre todo ante la ¡la impunidad!, sólo les pido que por favor ¡No pierdan la poca humanidad que les queda!

Soy una optimista irredenta.

¡Medir un metro 48, tiene sus ventajas!, los brazos de mis amigas son más largos que los míos, sus pechos son más grandes que los míos y su tórax es más ancho que el mío, por eso sus abrazos, no son abrazos, me envuelven toda, me cubren toda, ¡los adoro!.

Por eso, no me quedo con la imagen de las y los diputados soezmente captando la imagen de Carmen Medel, prefiero la imagen de la Diputada, compañera de Carmen, (no sé su nombre),  ¡abrazándola, conteniéndola, inmensa, grande, no de casualidad vestida de blanco!.

La contuvo, la sostuvo, la arrulló.

 

✉️ Botellalmar2017@gmail.com

COMPARTIR