Como espectador asiduo al cine, y ferviente entusiasta del séptimo arte, siempre he considerado que ver una película tiene que provocarte algo, cualquiera que sea ese sentimiento, signo de que el creador de esa obra cumple con el objetivo de transmitir lo que quiere por medio de su película.

Damien Chazelle dirigiendo a Ryan Gosling en "First Man"
Damien Chazelle dirigiendo a Ryan Gosling en “First Man”

Con su estilo, apoyado del género musical, Damien Chazelle ha sabido ganarse a la audiencia por sus historias, ya sea la pasión de un joven por cumplir sus sueños, o por la de un par de enamorados que tendrán que debatirse entre su relación o sus sueños; pero siempre, con una gran habilidad visual y narrativa para contarnos estas historias.

Después del reconocimiento recibido con “La La Land: Una historia de amor” (2016), el joven director estadounidense se arriesga a dar un salto en su carrera, dejar la música atrás, y hacer una película biográfica sobre una de las grandes leyendas de la historia en el mundo: Neil Armstrong, el primer hombre en llegar a la luna.

Ryan Gosling como Neil Armstrong en "First Man"
Ryan Gosling como Neil Armstrong en “First Man”

Ryan Gosling, quién trabaja de nueva cuenta con Chazelle, se pone en los zapatos de este legendario astronauta en “El primer hombre en la luna” para contar no solo el arduo y retador proceso de lograr el objetivo de ser, junto a su equipo, el primero en pisar la luna, sino que también se explora sus conflictos personales familiares mientras lucha contra los obstáculos profesionales que se le van presentando antes del gran suceso.

Basado en el libro “First Man: The life of Neil A. Armstrong”, el guion escrito por Josh Singer toca tres temas relevantes dentro de este suceso histórico: por un lado, y el arco principal, el de la vida de Armstrong, su relación con su esposa y el duelo por una perdida personal; por otro, la controversia política de la NASA y el gobierno de Estados Unidos por el gasto excesivo por alcanzar la ambiciosa meta espacial; y la última, y gancho principal de esta película, el suceso en sí.

Dentro de estos tres hilos conductores de la historia, el gran problema con el guion es que no sabe cómo nivelar el peso para crear una cinta orgánica, y sobretodo, emocionante. La historia de Armstrong, de no ser por la fuerza dramática que imprime Claire Foy como la primera esposa del astronauta, esta se diluye como avanza la cinta, convirtiéndose en uno de los puntos más olvidables de la cinta.

Por otro lado, la convergencia entre la controversia política y la recreación del suceso, si bien tiene momentos memorables, incluyendo aquel que recrea el primer intento de llegar a la luna de forma emocionante y memorable, es mucho en parte gracias a la música de Justin Hurtwitz, misma que se mantiene como esencial durante todo el metraje.

El director hace lo que puede con lo que tiene, hay destellos en esta biopic de su habilidad para tener una visión propia sobre la temática que toca y el manejo de cámara sigue siendo coreográfico y armónico, pero pese a esto, la cinta es irregular en su ritmo, y en ocasiones, tediosa y sin emoción.

Lo que llama más la atención, es el olvidable papel de Gosling como Armstrong, quién apenas cumple y al que le cuesta mantener el interés como protagónico de la historia, diciendo mucho de la fallida fuerza dramática de la que adolece la cinta.

Uno va al cine a emocionarse, y la recreación de este suceso daba para eso y más, sobre todo con un director promesa tan hábil para contar una historia, y es que “El primer hombre en la luna” tiene una producción sobresaliente, pero narrativamente queda mucho a deber.

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