El 31 de diciembre de 2017 en la víspera de año nuevo el Secretario General de la ONU António Guterres publicó como es de costumbre un video en las redes sociales, sin embargo, no fue como en años anteriores para dar sólo un mensaje de paz y buenos deseos, en esta ocasión, el dirigente del máximo organismo multilateral anunció que el mundo se encuentra en serios problemas, por lo cual lanzo una alerta roja a toda la población previniendo de los desastres que se aproximan para este 2018, sino nos unimos como seres humanos y rebasamos las fronteras de los prejuicios, la discriminación, la violencia, la contaminación, el racismo, entre otros.

En ese sentido, vale la pena señalar que los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) tienen que pasar de ser una lista de buenos deseos y acuerdos políticos supeditados a intereses particulares a resultados concretos y significativos dentro de las agendas públicas en beneficios para toda la población.

Para ello podemos poner como ejemplo dos casos muy importantes que causaron gran indignación a nivel mundial, donde incluso los costos han sido más altos que el haber hecho bien la tarea.

Uno de ellos, es el caso de una de las empresas automotrices más importantes del mundo, la cual, engaño durante seis años a sus usuarios y a los gobiernos de diversos países, al vender sus autos supuestamente “ecológicos” y que “cumplían” con las estrictas normas de calidad de emisiones al aire, no obstante, colocaron dispositivos que falseaban la verificación de los autos, mientras que cuando circulaban en las calles aumentaban las emisiones hasta 40 veces más de lo permitido.

Mas de medio millón de autos vendidos tan sólo en Estados Unidos fueron retirados, además de condenar a VW a pagar multas por 4 mil millones de dólares, además de devolverles su dinero a los compradores de dichos autos, lo cual se estimó en casi 18 mil millones de dólares, y pérdidas en las bolsas de valores multimillonarias por la falta de ética de dicha compañía.

Aunado a ello, este caso sirvió para delatar a otras compañías automotrices que hicieron exactamente lo mismo, empresas también con “alto prestigio” desde GM, Mercedes Benz, Audi, BMW, entre otras. El otro caso, es la salida de los Estados Unidos de América del Acuerdo de Paris, siendo este el país que más emisiones emite a la atmósfera a nivel mundial.

El primero de junio de 2017 el presidente de EUA, Donald Trump anunció que su país estaba fuera del Acuerdo de Paris, al cual se llegó en la COP 21 en diciembre de 2015 acordada por 195 países. Dicho acuerdo establece un plan de acción mundial para detener el calentamiento global por debajo de 2°C, como máximo 1.5°C por encima de los niveles preindustriales, que es la línea base considerada desde el Protocolo de Kioto, el informe Stern, el IPCC, entre otros estudios.

Es obvio que al salirse el país que mayores emisiones emite, las metas se pondrán en riesgo de alcanzarse. Sin embargo, hay algo de fondo tanto en el primero como el segundo caso, una fuerte relación y coincidencia. Las palabras de D. Trump son importantes para revelar lo que realmente está ocurriendo en la economía y el medio ambiente: “Pediré renegociar el tratado “en términos justos para Estados Unidos” como condición para retornar al mismo, para cumplir mi solemne deber de proteger a EUA y sus ciudadanos. La pregunta es ¿Por qué empresas tan importantes como VW, Audi, y demás se atrevieron a poner en juego el prestigio que por décadas habían logrado, y arriesgar el capital de su empresa pudiéndola llevar a la bancarrota?, ¿Por qué D. Trump saco a los EUA del Acuerdo de Paris?. La respuesta está en una vieja discusión entre economistas ambientales y ecológicos que se han planteado, la cual consiste en preguntarse ¿Hasta dónde debemos y podemos generar crecimiento económico, a costa de los recursos naturales y de la calidad ambiental?

Los economistas ambientales han tratado de responder a esta pregunta considerando que el crecimiento económico es una premisa, por las necesidades de empleo, de consumo, de alimentación, etc.; además de tratar de disminuir la preocupación por la contaminación y el agotamiento de los recursos naturales sustituyéndolos por tecnología; es decir su argumento es que la tecnología cubrirá en el futuro estos déficits.

Sin embargo, los economistas ecológicos argumentan que esto no tan sencillo ni obvio como parece, la tecnología no puede resolver todos los problemas ambientales, incluso no puede sustituir todos los recursos naturales, hay que buscar nuevos modelos económicos que sean más equitativos y no alteren y pongan en riesgo la vida en el planeta.

Las decisiones de fondo que se tomaron en ambos casos,  reflejan un alto estrés y preocupación por el crecimiento económico a costa de cualquier precio, curiosamente el número de muertes relacionado con enfermedades respiratorias ha crecido de forma alarmante de acuerdo con la OMS, además que los costos ocasionados por los desastres naturales también se incrementan año con año.

El pensamiento de los modelos de crecimiento económico actuales basados en los pensamientos liberales de antaño está dejando serias consecuencias, en todos los aspectos; pensar que el crecimiento económico es primero o que ciertas personas tienen derecho a seguir contaminando para mantener su nivel de consumo es catastrófico, mientras que otras partes del mundo siguen hundidos en la pobreza y la miseria.

Retomando el mensaje de Gutérres, sino nos unimos y hacemos a un lado nuestras diferencias e intereses no podremos salir de los terribles problemas en los que nos encontramos. Este año será determinante para cambiar el rumbo del planeta, sin embargo, ¿Habremos aprendido la lección?

 

Dr. Sergio Ceballos Pérez

Investigador de El Colegio del Estado de Hidalgo