Justamente cuando las circunstancias nos rebasan, las metas se alargan o sentimos que perdemos el camino, empezamos a cuestionarnos el “por qué”…

Cada existencia conlleva historias, eventos, sentimientos que se viven en compañía o en solitario y que nos muestran lo incierta que es la vida… hoy o mañana, en cualquier momento casi todo puede cambiar.

Y no en todos los casos estamos listos para responder como quisiéramos, por lo menos, no en un primer momento, y por eso, la mente nos prepara para asimilar con tiempo esas noticias o situaciones que difícilmente se digieren en un solo bocado.

Las personas desearíamos que lo que nos agrada permaneciera, que no terminará o no cambiará y que lo que no deseamos desapareciera o no nos impactara, que cada etapa de la vida hiciera en nosotros lo que sea favorable, sin tener por ello que pagar el costo con lo que nos mueve el piso o nos lastima…

Pero no, estar y sentirse vivo implica estar dispuestos a no cerrar los ojos ante lo que no queremos ver, y prepararnos para abrir los brazos y construir lo que si deseamos, para abrazar lo que la vida nos ofrece cuando nos disponemos a vivir de verdad.

Las cosas no son siempre como quisiéramos, claro, podemos insistir, participar, planear y actuar para que suceda, para generar la vida que deseamos, cuidar nuestras relaciones, aprender lo que no sabemos, etc. Pero, cuando la vida nos coloca frente a la incertidumbre, lo desconocido o lo temido, es el momento para conocernos realmente.

No sabemos tanto de nosotros hasta que la vida nos hace mirar lo que no habíamos visto, cuando nos lleva a lo que no pensamos que íbamos a vivir, no necesita ser una tragedia, a veces es solo un cambio de paradigma.

Estar y sentirse vivo es disponerse a sentir tanto el dolor como la alegría, a comprender que hay días de sol y días de lluvia, que lo que nos sucede en la vida tiene mucho que ver con decisiones previas, pero, que igualmente es resultado de la interpretación que hacemos, de como elegimos recibir lo que hoy tenemos.

Nadie tiene conocimiento de cuantos años habrá de vivir, y durante los primeros 30 o 40 parece que no nos ocupa bastante, o tal vez si… elegirlo depende de cada quien.

La cuestión es ¿cuánta vida tiene la vida que llevamos? Preocuparnos por lo que no depende de nosotros, añorar lo que fue o angustiarse por el futuro solo nos roba momentos del presente que no podremos recuperar, la vida hay que planearla, si, y junto a esto, hay que vivirla.

¿Qué tendría que suceder para despertarnos? ¿Para amar la vida hoy… en el aquí y el ahora? ¿Y para convencernos de que preocuparse, odiar y sufrir no nos acerca a vivir mejor?

Esperar que nada nos haga tambalear, que la gente sea lo que esperamos o reaccione como desearíamos que lo hiciera, que nadie nos decepcione o no decepcionar lleva un peso demasiado grande, que si lo cargamos en nuestros hombros tarde o temprano va a derrumbarnos.

Es inevitable que ante una situación que nos duele o enfada no cuestionemos, nos rebelemos o no sintamos el deseo de no estar ahí, sin embargo, aquello que no depende de nosotros o que no podemos cambiar (por ahora o permanentemente), no desaparece solo con desear que no exista o no esté ocurriendo. Así que lo mejor es aceptar y aprender.

El sentido de la vida se encuentra detrás de lo que amamos, en lo que esperamos, en lo que hacemos en el día a día y también en lo que estamos dispuestos a renunciar, soltar y agradecer aunque no sea siempre como quisiéramos que fuera.

Estar vivo es caerse, curarse las heridas, elegir un camino distinto cada vez que se requiera, tener una meta, buscar la forma de llegar, tener un plan b… o varios planes alternativos y continuar, aún si no tenemos ganas, si estamos cansados o decepcionados, es legítimo admitirlo, curarse un poco, respirar de nuevo y retomar el paso.

Nuestro tránsito por la vida conlleva despedidas, renuncias y pérdidas… también encuentros, elecciones y ganancias: eso es vivir.

No hay otro camino, optar por no sentir, por desprenderse de todo sentimiento, por alejarse del dolor y del placer, por no apostarle a la vida para no perder es solo adelantar la muerte, que no necesariamente es física, en estos casos.

Nadie puede no sentir nada, por más que se proteja para no hacerlo, el resultado es poca salud mental, relaciones pobres y escasas satisfacciones.

Hay que estar dispuestos a mirar la vida de frente, con todo y los obstáculos que nos lleva a vencer… y reconocer que algunas veces vamos a perder… otras saldremos triunfantes, pero, lo importante es que de todas y en todas nos sintamos vivos, vivos de verdad. Y que la vida termine con la muerte física y no con la muerte emocional, con la pérdida de sentido o por desistir… ¿y si lo mejor está por venir?

 

Twitter: @Lorepatchen

 

Psicoterapia y Coaching

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